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Hospital Piñero: 10 años de presencia de religiosas orionitas

En septiembre, el reconocido centro de salud público cumplió un siglo. Desde el 2007, un grupo de Hermanas de Don Orione acompaña a los enfermos a pedido del entonces obispo de Buenos Aires, Mons. Jorge Bergoglio.

El Hospital de Agudos Parmenio Piñero, ubicado en el barrio de Flores, cumplió en septiembre 100 años desde que comenzó a funcionar en 1917. En este importante centro de salud, desde el 2007 un grupo de Hermanas de Don Orione hace un trabajo silencioso pero muy importante: brindar una atención personalizada a los pacientes.

hospital piñero En ese año, Mons. Jorge Bergoglio, por entonces arzobispo de la arquidiócesis de Buenos Aires, se acercó a las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad con un pedido muy importante: que lleven su presencia al hospital Piñero. Antes, había allí un grupo de religiosas de otra orden, pero se retiraron. Al futuro Papa le parecía muy importante que esos espacios no se perdieran.

“Buscamos mejorar la calidad de vida de los enfermos en todos los sentidos, en lo espiritual, pero también nos aseguramos de que el paciente coma, esté atendido, de prestar atención a si necesita de sus familiares, muchas veces de poder ser puente de socorro ante la necesidad de encontrarle el familiar”, relata la Hna. Beatriz Calandria, quien desde el 2009 forma parte del grupo de hermanas que asiste cada semana al hospital. Junto a ella se encuentran las hnas. Marta Villarreal y Teresa Zbicajnik.

La labor que realizan las religiosas orionitas tiene algo de artesanal y requiere prestar mucha atención al prójimo. Las hermanas recorren los distintos sectores de cada unidad del hospital con una libretita en la que anotan los pacientes que necesitan la unción de enfermos para darle aviso al sacerdote. También, si el paciente lo solicita, se le lleva desde la capilla la comunión o la eucaristía.

El trabajo más vinculado al bienestar físico implica observar quienes son las personas enfermas que están solas y no tienen quien les dé de comer, para luego alimentarlas. A aquellos que lo necesitan también se les da ropa, ya que las hermanas cuentan con un roperito en el que tienen calzado, vestimenta, ropa de cama y abrigo para capear cualquier urgencia.

“Lo que hacemos en el hospital se relaciona en la caridad, porque es la entrega al pobre más pobre”, afirma la hna. Beatriz. “Es importante porque somos el ojo que no es el del médico. Un tercer ojo que ve con los lentes de Dios. Vemos el detalle, lo doméstico”, destaca.

Esa mirada atenta y la entrega al pobre más pobre, las hermanas la viven en carne propia. Beatriz recuerda que una vez ingresó un joven baleado al hospital, muy desaliñado: barbudo, de pelo largo, muchas callosidades en los pies. La hermana se acercó a hacerle compañía y mientras le arreglaba las uñas le preguntó si tenía algún familiar cercano, porque el hombre estaba solo. El joven se había escapado su hogar y nadie en su familia sabía nada de él en bastante tiempo. Finalmente la religiosa pudo comunicarse con una hermana del herido, y su madre fue a visitarlo. Se vivió un momento muy emotivo, de reencuentro, y la hermana Beatriz sostiene que el paciente se curó por el afecto de sus seres queridos.  

“Nos damos cuenta cuando falta algo, aplicamos una escucha atenta, el amor, la compasión, y buscamos alegría en el ambiente. Esto un misterio, porque vivir la alegría en medio del dolor es paradójico. Puede darse con ayuda de Dios, ser fuente, instrumento de manantial de aquella persona que está en el dolor. Esto se logra poniéndose en el lugar del otro, empatizándose con él”, manifiesta la hna. Beatriz.  

En este marco, las religiosas orionitas procuran esparcir la caridad en todos los sectores.  La hermana expresa que tomó el hospital como un hogar, un lugar “espiritual, porque en esta casa es donde se recibe más de lo que uno puede dar”.

Además, toda esta labor también tiene un propósito testimonial. Se procura brindar “amor, paz y unidad”. “No dejan de existir jornadas tristes en el hospital, pues de allí van personas con dolor, pero a ellas se les pone con ayuda de Dios más énfasis de testimoniar la alegría en el misterio de la cruz”, concluye la hna. Beatriz. 
 

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